Quizá los más viejos del lugar se acuerden, pero el mayor éxito de la historia de la seguridad informática fue el Efecto 2000.
Miles de técnicos trabajando años para que el 1 de enero del 2000 no pasara nada. Y no pasó nada. Y muchos dijimos (ojo, me incluyo): «¿para qué tanto lío?»
Pues bien, eso es Prevención de Riesgos Laborales cada día.
Por eso, aprovechando que el 28 de abril es el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo, quería decir que ser de PRL conlleva una paradoja bastante ingrata.
Eres de los pocos que piensa en las personas antes de que ocurra algo. Evalúas riesgos que nadie ve, te lees cada BOE que nadie lee (ni bajo amenaza), diseñas planes de emergencia que todo el mundo agradecerá si algún día los necesita.
Y aun así, para muchos sigues siendo quien pone el curso obligatorio de prevención que nadie quiere hacer.
No es justo, pero va en el cargo porque PRL trabaja para que no pase nada. El éxito es silencioso por definición. Y lo silencioso no se celebra y por tanto se ve poco, se financia poco y se valora poco.
En Almirall pasó algo curioso.
Un programa de bienestar corporativo que empezó como proyecto de People —retos de actividad física por equipos, narrativa, objetivo solidario— llegó a PRL, que lo vio funcionar, lo adoptó y ya llevan cuatro ediciones. No lo sueltan por una razón bastante simple: a los trabajadores les gusta.
Y, por una vez, PRL tiene entre manos un proyecto que no nace desde la obligación, sino desde las ganas.
No cuento esto para vender nada (bueno, un poco sí).
Lo cuento porque PRL merece más visibilidad que la que da un incidente o una inspección. Y porque a veces la forma de conseguirla no es pedir más presupuesto, sino hacer algo que guste, que se disfrute y que enganche.
Feliz día, si es el tuyo.