O cómo descubrimos por accidente algo esencial sobre la condición humana.
Durante los últimos 5 años, con el programa de bienestar corporativo de Almirall, hemos llevado a cabo, sin saberlo, un curioso experimento social.
Año 1: Regalamos premios importantes (relojes, equipamiento deportivo, inscripciones en carreras, viajes…). Pensamos que así habría más participación y motivación. Funcionó bien, pero la competitividad creó cierta tensión.
Año 2: Bajamos los premios. Sorpresa: nadie se fue, incluso el ambiente mejoró.
Año 3: Los premios se volvieron simbólicos, dando prioridad a un objetivo solidario colectivo.
Años 4-5: Eliminamos totalmente los premios individuales. Ahora todo es reconocimiento público, actividades en equipo y donaciones solidarias.
La participación ha subido, el compromiso es más alto, y cada año batimos récords en donaciones.
Sin saberlo, estábamos tocando tres necesidades humanas clave:
Reconocimiento: Queremos que nuestro esfuerzo sea visible y valorado (rankings públicos, infografías, vídeos…).
Conexión: Los mejores momentos siempre incluyen a otros. Lo que no haces por ti, lo haces por tus compañeros.
Trascendencia: Buscamos que nuestro esfuerzo tenga un significado más allá de lo individual. Queremos formar parte de algo más grande que nosotros.
Los humanos somos a la vez simples y complejos. Simples porque nuestras motivaciones profundas son básicas: ser vistos, conectar y contribuir. Complejos porque esas motivaciones superan por mucho cualquier premio material.
Si tu programa de bienestar depende demasiado de premios caros, tienes un problema: quizá no tienes un programa, tienes un concurso.
En Fit4Good estamos aprendiendo que diseñar para las personas siempre funciona mejor que diseñar para consumidores.