—Hijo, ayer me vi con tu tía Marta. Me dijo que su hijo está de dermatólogo en una mutua. Me preguntó por ti, le quería contar, pero…
—¿Pero?
—Que soy muy torpe.
Ahí voy yo con mi pitch de siempre:
«Mamá, tengo una plataforma de bienestar corporativo que, mediante retos de actividad y buenos hábitos, motiva a los empleados…»
Y mientras me oigo, pienso que la vida de la tía Marta es mucho más sencilla que la de mi madre.
Hace seis años que estoy en esto y todavía suda tinta para explicarlo.
Y me pregunto: ¿cuántos trabajamos en algo que a nuestras madres les cuesta contar? ¿O que nuestros hijos no sabrían explicar en el patio?
Yo diría que muchos.
Pero… ¿es un problema real o solo de jerga?
¿Se ha complicado la sociedad y los trabajos —Product Owners, Growth Hackers, Employee Experience Managers—?
¿O se ha complicado la jerga porque nos da miedo decirlo simple, no vaya a parecer poco importante?
Me da a mí que es más lo segundo.
Mi versión actual (después de unos años):
«Ayudo a que los trabajadores tengan ganas de estar más sanos y conectados con sus compañeros.
Ah, y le quito trabajo a RRHH (que bastante tienen con explicar a sus madres a qué se dedican).»